- Todos tenemos algún temor que se mantiene oculto por nuestra propia voluntad.
- Todos tenemos un temor que nos avergüenza tenerlo.
- Todos tenemos un temor que nos incapacita para hacer algo que deseamos.
- Todos tenemos un temor que no podemos controlar.
- Todos tenemos un temor que nos invade durante la noche.
- Todos tenemos un temor que nos deja helados y sin acción.
- Todos tenemos un temor que irrita a los demás.
- Todos tenemos un temor que no sabemos explicar.
- Todos tenemos un temor originado por una mala experiencia.
- Todos tenemos un temor que no sabemos por qué está allí.
Sí, todos tenemos temores. La sensación y emoción provocada es la misma, sin embargo, lo que se diferencia en cada persona es su voluntad para afrontarlo.
Uno de los mejores caminos que podemos elegir es buscar la ayuda de nuestro Señor, no para pedirle que nos solucione el conflicto, sino para que nos brinde la fuerza para solucionarlo.
Ofrécele a Dios tu miedo y déjate envolver por su protección infinita.




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